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sábado, 28 de enero de 2012

¿Es amor o adicción?

“¡Pero es que lo amo!”

No hay nada más triste en una relación de pareja, que el hecho de que mantengan una relación enferma de codependencia. En los matrimonios y noviazgos, existe un número alarmante de casos en que un miembro de la pareja sufre, sin muchas veces reconocerlo; de maltrato físico o psicológico (emocional) y aún así, se dice profundamente enamorado o enamorada de su pareja.
Para una persona “normal”, resulta ilógico el que alguien que es maltratado, se mantenga afectivamente ligado a la persona que lo maltrata, sin embargo, en la práctica…¡Esto sucede mucho!

¿Qué es codependencia?
Vamos a comenzar por definir lo que es codependencia. Por codependencia podemos entender una condición psicológica en la que una persona focaliza toda su atención, preocupación y cuidados en otra persona, y en ese proceso, niega sus propias necesidades, anteponiendo las de la otra persona a las suyas propias.

Cuando durante la infancia no se ha tenido una relación sana con la familia propia, es decir, no ha habido un desarrollo psicoafectivo según lo esperado, entonces crecemos carentes de la capacidad para valorarnos, de hacer respetar nuestros derechos, de reconocer que somos merecedores de vivir la vida lo más plenamente posible. Por ejemplo, una mujer que de niña recibió maltrato por su propio padre, quien se supone la debería de proteger y amar, que observó como papá maltrataba a su mamá, que “aprendió” que el hombre es así; tendrá una inclinación a terminar casada con un hombre con esas mismas características. Es difícil de explicar en este artículo el porqué de esto, por lo que más adelante lo explicaré en otro. Por lo pronto me concreto a decir que de alguna manera la mujer o el hombre aprenden, a manera de mecanismo de defensa, a negar sus emociones para no tener que enfrentar la cruda realidad y en ese proceso, quedan expuestas ante los abusadores, ya que no pueden aceptar que merecen respeto por parte de los demás.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Aprender a decir que "no"


 ¿Cuántas veces nos han ofrecido un boleto para una rifa o nos han pedido un favor y hemos querido decir que “no”…sin embargo, decirnos que “sí”?

Creo que en muchísimas ocasiones nos hemos enfrentado a una situación similar y nos hemos sentido frustrados y/o molestos con nosotros mismos al no poder decir que “no” ante ciertas personas que son especiales para nosotros, o que las consideramos como figuras de autoridad. Bien, en este artículo hablaré sobre algunas de las causas que nos orillan a “tener que decir  que sí”, cuando en realidad “queremos decir que no”, y a la vez, les hablaré sobre las ventajas de “saber decir que no”.

Solo quiero aclarar que con esto no estoy justificando una actitud mezquina, falta de generosidad o de falta de altruismo, mas bien, mi intención es que no seas presa o que dejes de ser presa fácil de personas manipuladoras que se aprovechen de ti. También existen  personas lindísimas en nuestra vida que pueden llegar a pedirnos un favor, pero si no está en nuestras posibilidades o en realidad es algo que nos incomoda, también sepamos negarnos a cumplir su solicitud ¿ok?

Causas de no saber decir que “no”
Una de las principales causas de esto es tener una baja autoestima. ¡Sí, una baja autoestima! Si no me crees, déjame describir algunas maneras en cómo la baja autoestima nos orilla a “decir que sí”:

jueves, 1 de diciembre de 2011

Tiempo de cambio

"Yo soy así" vs "Yo quiero ser así"

Todos nacemos con un temperamento bien definido, el médico griego Hipócrates allá por el 400 A.C.ya hablaba sobre el tema pero hoy no hablaremos mucho sobre el mismo. Para fines prácticos podemos hablar de cuatro tipos de temperamentos, los cuales están regidos por nuestra propia biología y que son popularmente conocidos como flemático, sanguíneo, colérico y melancólico. No obstante lo anterior, existen muchas otras clasificaciones a la fecha de acuerdo al autor del que hablemos.

También, aparte de nuestro temperamento y debido a la influencia de nuestros padres y el entorno que nos rodeó en nuestra niñez, se formó nuestro carácter, el cual es una combinación de valores, sentimientos y actitudes que determinan cómo una persona percibe a los demás y al mundo que le rodea.

Finalmente tendremos la personalidad, que es la “cara” que le permitimos a los demás que vean de nosotros, es decir, es la forma en que nos relacionamos con los demás y en que nos enfrentamos a las exigencias del medio ambiente social. En la personalidad podemos decir pues, que se encuentran intrínsecos el temperamento (biológicamente heredado) y el carácter (socialmente heredado).


Considero de gran importancia hablar de ello, ya que en muchas ocasiones confundimos estos tres rasgos de la personalidad y, basados en esa creencia errónea, justificamos nuestros actos equívocos delante de los demás.

viernes, 18 de noviembre de 2011

¡Del tener al ser!

¡Un camino hacia nuestra autorrealización!
 En la actualidad, en nuestro mundo occidental, se ha hecho un gran énfasis en la importancia de tener o poseer bienes materiales, bienes que van desde el celular de más moda hasta la casa de mayor precio y mejor ubicación en la colonia de mayor renombre. La práctica anterior se ha ido reforzando continuamente ya que de alguna manera le damos mayor importancia a las personas que demuestran tener mayores bienes o poder adquisitivo que aquellas personas que no lo tienen.

Si no están de acuerdo conmigo, bastaría que prestáramos atención en algún negocio o comercio donde el vendedor tiene la opción de prestar su servicio al hombre de apariencia pobre o al hombre de apariencia elegante o pudiente. El primero viste con ropa anticuada y no de “marca”, calzando zapatos bastante usados, usando un reloj de pobre calidad, mientras que el segundo viste ropa de “marca”, habla por teléfono usando el celular más moderno y caro disponible en el mercado y se puede ver que su reloj debe costar una fortuna…¿A quién creen que atenderá primero y a quién le dará mejor trato?

No estoy peleado con tener bienes materiales y que estos abunden, sin embargo no los podemos tener como referencia de éxito personal…¡Es solo éxito financiero! El tener posesiones y bienes materiales no son garantía de que has logrado el éxito personal, de que tienes estabilidad emocional o dicho de otra manera…¡De que tienes salud mental!

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¡Cómo mejorar la autoestima 3/3!


“Un camino hacia nuestra autoaceptación”

  Continuando con la tercera y última entrega…

Enunciaciones “Debería” o “deberías”: Esto tiene que ver mucho con los introyectos y con las opiniones de los demás sobre lo que “deberíamos” ser o hacer.

Es importante recordar que nuestra vida no es la vida de los demás y lo que hagan o crean los demás, no necesariamente será lo que más nos convenga a nosotros. Muchas de las personas que llegan a consulta, han llegado a desarrollar verdaderas neurosis debido a la carga emocional de “no llenar las expectativas” de sus padres, amigos o de la sociedad.

Por ejemplo, nos podemos encontrar con frases del tipo “Tú deberías de ser tan bueno en la música como tu papá”, y es así como el joven al no poder demostrar un talento de músico virtuoso como el de su padre, se ve afectado emocionalmente por la presión ejercida sobre él, de manera que entre muchas cosas, su autoestima se ve deteriorada.

Estrategia: Debes hacer un análisis de las cosas que más disfrutas de hacer, de los talentos que posees, de tus cualidades natas (ve el artículo de “Inteligencias Mútiples”) y entonces, de acuerdo a una buena escala de valores, lánzate a realizar lo que deseas sin importar si cuentas con la aprobación de otros.

Recuerda, ¡No vivimos especialmente para cumplir con las expectativas o medidas de los demás!  Si en realidad estas personas te aman, comprenderán tus aspiraciones y al final de apoyarán.

Etiquetación: En relación a la autoestima, lo aplicamos cuando otras personas distorsionando sus pensamientos, te aplican etiquetas o características que no son tuyas. Por ejemplo: el tonto, el burro, el tarado, el irresponsable, el “maleta”, etc.
Esta práctica es muy dañina para la autoestima y se usa mucho en el bullying, dañando severamente la autoestima de una persona, llevándola a retraerse del ámbito social, deprimiéndose e incluso atentando contra su salud o su vida.